Reflexión para hoy:

     

martes, 4 de octubre de 2011

El último bailarín de Mao





No tengo ninguna simpatía con respecto al gobierno comunista Chino, pues considero que la libertad no se puede compartimentar ni es un mero instrumento, sino que hay que amarla porque en sí misma es buena.

China tiene un sistema económico mercantilista y un Gobierno totalitario, no democrático, comunista, o sea, socialista. A los gobernantes no los elige el pueblo, sino quienes controlan el Partido Comunista. La Junta de Pekín no es actualmente más simpática ni más respetuosa con los derechos humanos de lo que lo fue en Tiananmen hace 20 años, y no está menos dispuesta a masacrar a cualquiera que se resista a su control absoluto del poder político.

La República Popular de China sigue siendo una colosal mazmorra donde se tortura. El gobierno socialista chino sigue siendo, como lo fue antaño, un régimen opresor e igual de despiadado en la persecución de los cristianos devotos, de los budistas tibetanos, de los disidentes democráticos que aspiran a una mayor libertad, de los periodistas que no siguen al pie de la letra las consignas del partido único comunista, de los incontables reclusos esclavizados que se deben reeducar y normalizar en los campamentos de trabajo o de las mujeres que quieren decidir por sí mismas cuántos hijos tener.

En China no existe capitalismo democrático sino capitalismo de Estado. El capitalismo democrático es un sistema económico basado en el respeto a la propiedad privada y en el intercambio pacífico y libre, no dirigido por el Gobierno. En el capitalismo democrático los individuos deciden qué van a hacer en la vida dentro de las limitaciones anejas al respeto de los derechos de los demás.

Yo creo que todo está bastante claro. Llamar a cualquier cosa capitalismo democrático o libre mercado es muy común entre gente mediocre. Incluso hay zopencos que dicen que el socialismo comercializa como en el caso chino o que en Cuba hay libertad de mercado porque existen hoteles para turistas. Lo que hay son prostíbulos de 5 estrellas a pachas con el gobierno déspota dónde muchos miserables van allí a descargar su semen, aprovechándose de la miseria de jovencitos y jovencitas. ¿Ustedes también creen que eso es mercado libre?. Lo que no hay duda es que son este tipo de aberraciones las que ocasiona el comunismo o el postcomunismo pseudodemocrático como ahora sucede en Rusia (ex URSS), es decir miseria, sumisión y corrupción.

La película que hoy tratamos relata la vida del bailarín de origen chino Li Cunxin,. Li Cunxin es uno de los tantos millones de hijos de campesinos chinos que nació durante la revolución comunista de Mao Tse Tung (1893-1976) y pudo palpar en propia carne la aberración que supone el socialismo cuando se enquista en una sociedad.




8 comentarios:

  1. Estamos de acuerdo en que la hipocresía de China es abrumadora. Que el partido de los Trabajadores chino haya llevado a sus trabajadores a ser verdaderos esclavos es un gran ejercicio de cinismo repugnante.
    Pero también son hipócritas los capitalistas (muchísimos de ellos occidentales) que aprovechan los bajos costes laborales chinos para implementar allí su producción. Dígame en cuántos de los productos que consumimos pone el famoso "made in China". ¿No son hipócritas los capitalistas que aumentan la productividad de sus empresas a base de aprovecharse de la situación del pueblo chino?
    ¿No son hipócritas?
    ¿No son hipócritas los medios de comunicación occidentales que critican los sistemas totalitarios como el chino sin criticar a las empresas occidentales que se lucran a base del sufrimiento del proletario chino?
    ¿No es hipócrita pensar que en el capitalista pueda existir el mínimo resquicio de democracia?
    Salvo alguna excepción, el capitalismo es tan poco ético como lo que usted llama socialismo.

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  2. Dejémonos de pamplinas y digamos las cosas en claro. Cuando en un sistema el poder lo tiene realmente el pueblo (y realmente significa realmente, no mediante mecanismos institucionales que acaban transformándose en monstruos) es más fácil crear un entorno de bienestar, respeto y moralidad que en un sistema donde el poder es sostenido por una élite. A partir de ahí póngale el nombre que quiera que tanto muchos comunistas como muchos capitalistas han perseguido y persiguen un sistema del segundo tipo. ¿O no eran liberticidas los capitalistas del s.XIX y principios del XX? Negar que el bienestar vivido durante finales del XX hasta la actualidad se debe a un aumento del poder de la ciudadanía y decir que es una muestra de las bondades del capitalismo es otro buen ejercicio de cinismo.
    Usted dirá que sí, que fue por las bondades del capitalismo. Otro que no, que fue por llevar a cabo medidas de carácter socialdemócratas e incluso socialistas. Lo cierto es que sin un mayo del 69, sin unos trabajadores unidos en pos de una mejora en las condiciones de vida, no se hubiera salido del siglo XIX.
    Por eso yo le hablaba hace unos meses de los riesgos de la especulación, que aumentan el poder de la élite que tiene más dinero. Y usted me contestó que no había nada malo en ella y que era necesaria en una economía de libre mercado… siga usted que se le da mejor que a mí seguir por esos derroteros. Pero yo desde mi humildad le digo; ¿qué bienestar ha generado en nuestra sociedad la especulación sobre el ladrillo en España? ¿En la especulación sobre deuda soberana de España, Portugal, Grecia o Italia? ¿Me niega que la falta de ética de muchos inversores ahonda el sufrimiento de los ciudadanos?
    ¿Qué hay de ético en que el pequeño empresario se ahogue sin crédito cuando el BCE presta a los bancos al 1%? ¿Qué hay de ético en que ese mismo banco dedique ese préstamo recibido del BCE para invertir en deuda soberana cuando ésta está en su pico de valor en vez de hacer fluir el crédito por la economía real? ¿Quién roba a quién? ¿Quién es ético, el que se rige a las reglas del capitalismo aunque con ello haga sufrir a buena parte de la población lucrándose por ello?
    Que el bienestar aumenta cuando funciona la economía real es casi un axioma al ir unido al poder en el pueblo.

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  3. Ustedes, anarcocapitalistas, ¿están del lado del pueblo?
    Si la respuesta es afirmativa; ¿van ustedes a boicotear a las grandes multinacionales y a los bancos que actúan con una clara falta de ética? ¿Van ustedes a boicotear a la multinacional que se lucra a base de los derechos del pueblo chino? ¿Y al banco que niega el crédito al pastelero, al carpintero, al frutero, al herrero de mi pueblo, mientras compra deuda soberana 300 puntos más cara que el crédito que acaba de recibir del BCE hace apenas media hora? Déjeme aventurar su respuesta: NO.

    ¿Cómo puede preguntarse usted por la poca movilización social de las teorías que promueve? Claro que desde la izquierda es más fácil movilizar a la sociedad; porque precisamente hay sectores en ella que no se contradicen de la manera que ustedes lo hacen. No les veo a ustedes en la calle defendiendo sus ideas. Me consta sin embargo que sus “hermanos” (“hermanos” de nombre, de lo demás no tanto) anarquistas de toda la vida, anarco comunistas si lo prefiere, siempre han movilizado una masa social bastante más amplia. ¿Ve alguna concordancia en lo que le digo?
    Ya me lo dijo aquel profesor anarquista que tuve (sí, en un centro público): estáis recibiendo una formación de calidad, y lo veréis cuando vayáis a selectividad. La nota de quienes estudian en centros privados es casi siempre inferior, muchas veces en más de un punto, a la de los centros públicos. Contrasta esto con la posición social de sus padres. No os fiéis nunca de quien os diga que hay que eliminar la educación pública; mejorarla sí, eliminarla no. No os fiéis de quién empiece a temblar cuando sepa que todos vosotros vais a aprender la historia del mundo. Quien teme que el pueblo reciba educación o bien pertenece a una clase privilegiada o bien es un ignorante.
    Bendito profesor de historia.

    Por cierto, ¿no era usted el que llamaba liberticidas a los demócratas? Me suena habérselo leído alguna vez... pero no concuerda mucho con la forma en que trata al capitalismo democrático en esta entrada. Debe ser que con tanto llamar liberticida al que no coincide en sus ideas al final acaba pisándose los talones a usted mismo sin darse cuenta.

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  4. Sr. VCM: Las multinacionales no son el problema, el problema es el socialismo casposo que, junto al pseudoecologismo bucólico, impiden salir a los países del Tercer Mundo de la miseria en la que se ahogan. La miseria no es consecuencia de la globalización sino de la falta de ella. Sólo el capitalismo democrático o economía de mercado puede erradicar el subdesarrollo y los inmigrantes sudamericanos, africanos o asiáticos que se trasladan a Europa, a Australia, a Nueva Zelanda o a Estados Unidos lo saben muy bien. Nunca escogen Cuba o Corea del Norte para rehacer su vida ¿Por qué será?.

    Las multinacionales no son el problema en los países subdesarrollados, sino la falta de libertades, algo que es aprovechado por el socialismo para perpetuarse en el poder manteniendo el subdesarrollo. Las multinacionales sólo pueden beneficiarse si crean puestos de trabajo y riqueza, es decir, bienes y servicios competitivos que satisfacen las necesidades de todo el mundo y que en otros tiempos sólo estaban al alcance de unos pocos.

    Cuando la gente tiene una calidad de vida aceptable, bienestar y esperanza, lo que primero cuestiona es la esencia del socialismo, por eso, a esta ideología lo que menos le interesa es una sociedad cuya mayoría pertenezca a una gran clase media, próspera, crítica, reflexiva, cultivada y no dependiente del Estado. A los liberticidas les es más fácil engañar a la población cuanto más dependiente e ignorante sea. Ese es el caldo de cultivo que necesitan para implantar su ineficaz y sanguinaria ideología totalitaria. Por eso el socialismo siempre fracasará en países libres y prósperos.

    Amplío tu comentario en mi bitácora (lodicecincinato . tk); concretamente en la entrada titulada “Multinacionales” ¡Búscala aquí o en GOOGLE!

    He aquí un adelanto: “….Tantas veces nos han predicado los socialistas que ellos existen porque hay pobreza, que no caemos en la cuenta de que es al revés; que no se trata de distribuir la riqueza existente sino de la creación de más riqueza y esto sólo sabe hacerlo el capitalismo democrático en un entorno de Libertad…”

    También te invito, para que te ilustres un poquito, a visionar el siguiente vídeo:

    http://www.youtube.com/watch?v=TWLOaKAITjM

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  5. Sr. VCM: Tu profesor anarquista me recuerda a unos tipos con los que conviví en una comuna. Te cuento mi aventura. Todos allí eran supuestamente muy solidarios y decían que era bueno compartir los bienes entre camaradas. Todos estaban convencidos de la necesidad de la abolición del Estado, de la propiedad privada y del derecho de herencia. Todos rechazaban el consumismo y el materialismo de los países occidentales, sobre todo el de su demonio favorito: Los Estados Unidos de América.

    Todos repetían la misma cantinela típica del clásico socialista que se siente anarquista; y que suelen soltar cuando no son ellos los afectados directamente por las consecuencias de tales ideas. Únicamente, sólo lo de desmantelar la cosa pública, es decir, el Estado, me llegó a convencer puesto que, como buen anarco liberal asilvestrado, además de desconfiar de la clase política, creo muy saludable para el bienestar de los ciudadanos limitar el poder del Estado y reducirlo progresivamente al mínimo imprescindible para construir una sociedad donde prime la Libertad y la solidaridad voluntaria entre los individuos en contra de la expansión del liberticida Estado colectivista bajo el apellido disimulado de socialdemocracia, neocomunismo, socialismo populista o indigenista , etc.

    Incluso algunas “miembras” de la comunidad, como así les gustaba denominarse, se enorgullecían de defender a los más indefensos y desprotegidos de la sociedad; lo que me chocaba es que afirmaran esto después de abortar, práctica muy reiterada entre ellas. Personalmente no entendía muy bien el pseudoprogresismo de éstas mujeres, que respondía a un esquema muy sencillo: ser pacifista y apoyar a los desfavorecidos con grandes dosis de demagogia y mucho talante de buenismo. Sin embargo, a su hijo que reposaba inocentemente en su vientre, siendo éste el más débil, el más indefenso, el más dependiente de todos los seres, no les parecía digno de amparar. Yo observaba una fuerte contradicción en sus postulados y para colmo argumentaban los derechos de la madre, presentándola como una pobre víctima indefensa no se sabe muy bien frente a qué.

    Recuerdo en especial a un miembro de la comuna que se llamaba Alejandro. Alejandro fue el que me invitó a compartir una nueva vida con ellos. Ya se sabe esa típica ansia que tienen los jóvenes de descubrir siempre un nuevo estilo de vida hasta que se dan de bruces con la realidad. Todos en la comuna aseguraban eso de que el anarquismo sólo puede ser socialista. Yo no lo tenía tan claro, sobre todo por lo de la coletilla socialista que acompañaba a la palabra anarquismo a la que todos daban mucha importancia. Esto es así, después de algunos detalles que me llamaron la atención y por los que me empecé a desencantar con lo de la comuna pseudoanarquista. Un día tuve la ocasión de comprobar la hipocresía de estos tipos que hoy en día se hacen llamar “Okupas” pero que conservan la misma filosofía de vida.

    Alejandro tenía una compañera de cama, Adela. Una morenaza de ojos verdes nacida en Cartagena que estaba buenísima, pero yo la notaba algo agotada en su relación sentimental. Desde el primer momento congeniamos e inevitablemente me la llevé al “huerto”.

    Esto le sentó muy mal a Alejandro, un chico bastante celoso. Desde entonces la relación se enturbió bastante haciéndose cada vez más insoportable. Alejandro creía tener un predominio especial sobre la murciana, esto fue lo que me hizo entender que eso de abolir la propiedad privada no lo tenía muy claro el chaval, sobre todo si tenía unas buenas tetas como las de Adela. Michael, un comunista canadiense, rubio de ojos azules, que se sentía indigenista y que purulaba por la comuna le hizo entender a Alejandro que no debe existir la propiedad sobre las cosas que nos ofrece la “Pachamama” (madre tierra) y, menos, sobre las personas; puesto que el anarquismo no simpatizaba con la esclavitud.

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  6. Sr. VCM: Sigo. La gota que colmó el vaso fue un día en el que Adela y yo violamos lo más sagrado que tiene el típico anarquista socialista. Su propiedad privada. ¡No es de coña! En el fondo ellos tienen sus sagrados bienes privativos. Lo de compartir los bienes, la distribución de la riqueza o abolir la propiedad siempre es bueno mientras sea la de otros.

    Una tarde Adela y yo, después de haber aplastado un poco la hierba de un prado, regresamos a la aldea con bastante apetito. Alejandro acababa de hacerse un sensacional y materialista bocadillo de jamón ibérico que había comprado con algún dinerillo que obtuvo por la mañana en el rastrillo del pueblo vecino, haciendo juegos de malabares; dinero que no depositó en la caja común como era norma de obligado cumplimiento en la solidaria comuna.

    Adela y yo nos habíamos situado tendidos a cierta distancia de Alejandro. No había mucho que hacer, salvo dormir, comer, follar, tocarse los huevos y repetir las consignas socialistas en reuniones esporádicas organizadas por un tipo que venía de vez en cuando en su flamante Volkswagen Beatle amarillo, portando atuendos psicodélicos y llenos de colorido.

    Cuando venía este tipo, todo en la comuna era buen rollo y hermandad. Dicho personaje aprovechaba el viaje para traernos algunas cajas de ultramarinos y artículos de aseo que, por cierto, nunca se agotaban desde la última reposición; así como libros de base ideológica 100% socialista y panfletos varios que tras leerlos suponía que los debería haber escrito algún descerebrado inspirado por drogas alucinógenas como el ácido lisérgico.

    Continuo. Esa tarde fue mi perdición, puesto que no se me ocurrió otra cosa que aprovechar la ausencia momentánea de Alejandro para sugerir a Adela que compartiéramos el sabroso bocadillo que se mostraba amenazante con ese jamón de jabugo resplandeciente debido a su grasiento tocino uniformemente veteado. Prisionero manjar cautivo en una barra de tierno pan candeal cuyo interior, previamente, se había untado con tomate campero ahogado por un aromático aceite de oliva virgen. Los tomates los cogió Alejandro de una pequeña huerta ecológica que montamos, por propia iniciativa, cuando me incorporé a la comunidad aportando mis conocimientos agrícolas; pero que, con el tiempo, sólo la trabajábamos los tres plingaos de siempre que respetábamos eso de la colectividad del trabajo del socialismo anarquista.

    Y así lo hicimos, Adela y yo dividimos en tres partes el bocata como buenos anarquistas socialistas solidarios y nos comimos dos tercios de bocadillo, dejando una tercera parte para el compañero Alejandro.

    Alejandro volvió de “plantar un pino” y se encontró su apreciado bocata reducido. Tal cabreo le entró que casi me mata. Yo sólo seguía la consigna anarquista socialista al pie de la letra, es decir, abolir la propiedad privada y la distribución equitativa de la riqueza.

    El suceso justificó mi expulsión de la comuna. Todos respaldaron al camarada Alejandro puesto que realmente no sentían mucho aprecio por mí, debido a que no habían logrado normalizar mi anárquica y asilvestrada forma de pensar. Incluso mi estimada Adela se unió a la unánime decisión del grupo. Por cierto, un día me la encontré en las Ramblas de Barcelona casada con Michael, el canadiense. Me contaron que les iba muy bien en su lucrativo negocio de compra y venta de terrenos en la ciudad condal. Negocio que Michael había montado con la pasta que heredó de un tío de Toronto. -¡Vaya con el comunista y los parias de la tierra! ¡Vaya con los convencidos de la necesidad de la abolición de la propiedad privada y del derecho de herencia!- pensé de camino a la parada del bus.

    La experiencia en la “comuna anarquista socialista” me abrió definitivamente los ojos y me di cuenta de su falsedad. Esa gente sólo quería vivir del cuento y de las rentas de los demás. O sea, el típico invento de una pandilla de vagos, hipócritas y envidiosos. En eso consiste el socialismo.

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  7. Sr. VCM: ¿Qué es la sociedad? ¿Qué es el pueblo? No son nada si no coexisten individuos libres. No existe sociedad si no hay gente que actúe con libertad y respetando al prójimo. Si esto no sucede, en lugar de sociedad hay salvajismo y esclavitud. Las filosofías colectivistas se desvanecen y empiezan a sucumbir en el momento que avasallan a sólo uno de los individuos que integran esa colectividad.

    El Estado social es algo abstracto, no existe. Lo que realmente existe es el individuo que convive y coopera pacíficamente con otros semejantes de acuerdo a la siguiente regla: La libertad de una persona termina donde empieza la libertad de otra.

    La legitimidad de los derechos sociales se basa en afirmar que los derechos de algunos están por encima de los de otros. Esto es el principal error porque hace difícil la convivencia. Las mayorías no pueden prevalecer sobre las minorías cuya minoría más diminuta es el individuo. El individuo o la persona es un concepto real al contrario de los conceptos abstractos, artificiales y vacíos de contenido, denominados colectividad, pueblo, Estado o sociedad.

    La semilla del totalitarismo yace enquistada en la mente de una gran parte de la ciudadanía. Muchos siguen empeñados en imponer de forma coactiva su particular visión del mundo alimentando, de nuevo, a la bestia que devorará a todos, incluso a ellos mismos. Una bestia monstruosa en forma de Estado colectivo y todopoderoso que pisoteará, a capricho, a todos los individuos. Individuos cuyas almas y voluntades previamente habrá sustraído para convertirlos en seres alienados, sumisos, frágiles y dependientes.

    Nadie se escapará. Ni siquiera Trosky se escapó del piolet que Ramón Mercader le clavó en el cerebro; ni tampoco éste pudo huir del cáncer de huesos que le provocaron en agradecimiento a los servicios prestados a la madre patria socialista.

    Algunos descerebrados afirman que “Si Hitler hubiera acabado con Stalin, muy posiblemente el mundo actual sería Nazi”. Tomad nota energúmenos. Stalin y Hitler fueron dos pesadillas, dos cabezas en el mismo cuerpo del monstruo. Una devoró a la otra. Por eso las consecuencias negativas sobre sus pueblos hubieran sido las mismas si se hubiera dado el caso contrario; es decir, habría existido también genocidio, campos de internamiento, miseria, represión y muros nacionalsocialistas idénticos a los que existieron en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y otros países de su órbita. Pero también es cierto que, esos muros, sólo habrían llegado hasta donde hubiera habido gente lo bastante bizarra y amante de la Libertad, para impedir su expansión como ocurrió durante la guerra fría.

    La gente libre, reflexiva y respetuosa con sus semejantes reconocemos ipso facto la perversidad y crueldad de las dos cabezas del monstruo socialista. Sin embargo, a los liberticidas, de todo color y pelaje, se les distingue enseguida porque atacan a una cabeza del monstruo Jano pero defienden la otra.

    ¿Sabes que demagogo dijo lo siguiente?:

    "Somos enemigos del sistema económico capitalista actual porque explota al que es débil desde el punto de vista económico, con sus salarios desiguales, con su evaluación indecente de un ser humano según tenga riqueza o no la tenga, en vez de evaluar la responsabilidad y la actuación de la persona, y estamos decididos a destruir este sistema capitalista en todos sus aspectos".

    No lo dijo Stalin, ni Lenin, ni Trosky aunque sus perversos discursos políticos siempre se basaban en la misma tesis. Lo dijo otro socialista, un tal Adolf Hitler en la primavera de 1927 (Mein Kampf)

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  8. Sr. VCM: Vamos a dejar las cosas claras. Los únicos que se aprovechan y esclavizan a los ciudadanos chinos son los capitostes del partido único de China, o sea, el Partido Comunista. China nunca podrá ser un modelo económico mientras cobre las balas consumidas a las familias de los disidentes que fusilan.

    Como ya dije anteriormente no hay duda de que todas las políticas de Pekín están dirigidas por una dictadura de tipo leninista que quiere seguir siéndolo. Es decir, poca libertad y mucha represión. El capitalismo democrático allí no existe aunque algunos les haga ilusión creerlo.

    El gobierno socialista chino tiene miedo, mucho miedo a un ejército de 300 millones de Chinos hambrientos rebelándose con desesperación, por lo tanto ha optado por darles de comer ¡y qué mejor herramienta para sacar de la miseria y el hambre a la gente que la economía de mercado o capitalismo! que, en este caso, es poco democrático debido al fuerte intervencionismo que mantiene el despótico régimen socialista chino, donde los empresarios no compiten en igualdad de condiciones.

    No hay que confundir a la gente, no es la superpoblación el problema que tiene China sino su nefasto sistema económico socialista que es incapaz de alimentarles a todos y por eso copian la economía de mercado aplicadas en los países libres y prósperos; pero, al igual que todas las copias que hacen, es de mala calidad porque en China sigue sin existir lo más preciado del ser humano, la Libertad.

    Hagamos una pregunta sencilla a los centenares de miles de chinos que se han instalado en los países libres con economía de mercado: ¿Porqué han huido de China? ¿Quizás para respirar un poco más de esperanza, bienestar y preservar su integridad física?

    No hay que olvidar que el gobierno totalitario chino sigue siendo repugnante, sobre todo en materia de derechos civiles: miles de presos políticos, persecución religiosa, control de la población con la política de un solo hijo, adoctrinamiento socialista en los colegios, libertad de expresión limitada, ausencia de garantías procesales y expropiaciones masivas.

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