Reflexión para hoy:

     

sábado, 4 de abril de 2009

Aviso a todos los salvadores de la humanidad


A todos los salvadores de la Humanidad:

En primer lugar os recuerdo lo que decían mis abuelos: La ignorancia es la carga más pesada, pero quien la lleva no la siente.

¿De verdad os creéis todo lo que manifestáis? ¡Venga, no seáis demagogos ni os aprovechéis cruelmente de la gente ignorante para manipularles!. Sabéis que estáis mintiendo. Los amantes del intervencionismo público sois perversos porque os consta perfectamente que la actual crisis financiera en ningún caso ha sido provocada por políticas liberales que, por cierto, nunca se han aplicado, puesto que el prototipo liberal es incompatible con la clase política tal como hoy la entendemos.


Los principales culpables de todo son los políticos intervencionistas y sus juguetitos llamados bancos centrales (instituciones socialistas por antonomasia) que gracias a sus intervenciones arbitrarias, como la de los tipos de interés, nos han llevado al desastre (está es la primera prueba de que ni el mercado libre, ni el liberalismo político existen).
¿A que se han dedicado en las últimas décadas el FMI, El Banco Mundial, la OMC, la Reserva Federal norteamericana, la ONU, los Bancos centrales, el G8, el G20, la Comisión Europea y toda la patraña de organismos intervencionistas públicos? Sobran reglamentos y controles, y falta, cada vez más, libertad individual en un escenario global de mercado libre.

De hecho, el sector financiero o bancario es, precisamente, uno de los mercados más regulados e intervenidos del mundo, a través de innumerables leyes y normativas socialistas en diferente grado, así que, por favor, ¡no tomen el pelo a la gente!.


La culpa de la crisis económica es ideológica. La crisis económica es consecuencia de la crisis de valores y el afán de poder de todos los políticos apoltronados que atacan continuamente a la ética del trabajo, al ahorro y al esfuerzo; políticos culpables de la aniquilación del principio de la igualdad de todos ante la Ley, por un intervencionismo degradante y amoral; políticos culpables de la perversión de la democracia por lo políticamente correcto con el fin de conservar el poder.

Es un espectáculo mundial ver a republicanos y demócratas, a conservadores y laboristas, a los de derechas y a los de izquierdas a la hora de afrontar una crisis, porque todos actúan igual, todos son intervencionistas, todos argumentan con medidas socialistas. Apoyan a las grandes empresas amigas, entran en el juego de los grupos de presión y manipulan a los votantes cautivos en nombre del bien común; mientras tanto, todos los demagogos populistas indigenistas bananeros totalitarios fascistas y antifascistas que existen en cualquier rincón del planeta, aprovechándose de la desesperación de las masas, se frotan las manos e intentan hacerse con el poder político, como solución a todos los males, pero cuya receta nos va a llevar aún más deprisa hacia el abismo como sucedió en el siglo pasado.

Lo deseable para arreglar la jodida crisis financiera internacional es permitir que sean los propios ciudadanos en un marco de libertad y libre mercado los que tomen las riendas de la situación, en vez de proceder a intervenciones cada vez más escandalosas con el dinero de aquellos que lo pueden producir honradamente con su trabajo y esfuerzo. Porque lo que está sucediendo actualmente en la economía internacional es el resultado de inversiones muy arriesgadas en un clima de falso bienestar creado por los Estados socializados y amparadas por éstos, como últimos salvadores, que nunca se hubieran planteado si no existiera esa red pública que garantiza el fracaso de unos desalmados a costa del contribuyente.


Todo es consecuencia del intervencionismo económico, de gobiernos omnipotentes que arrinconan la libertad y la propiedad privada, malgastando la riqueza de los ciudadanos en su particular sueño mesiánico por rescatar una economía que sería capaz de salvarse a sí misma si no se lo estuvieran impidiendo, es decir del triunfo de ese socialismo o capitalismo de Estado, que impone más reglamentos, más control y menos libertad individual. Todo lo contrario a un deseable capitalismo democrático.

Lo más lógico sería que los ciudadanos premiaran con sus libres decisiones a las empresas eficientes, que han sabido gestionarse sin arriesgar y que nos satisfacen con nuevos productos y servicios. Eso significaría que todos elegiríamos en qué queremos gastarnos nuestro dinero, un pecado imperdonable para los gobiernos. Puesto que si nosotros decidiésemos, ellos no podrían hacerlo por nosotros, y por lo tanto no tendrían poder sobre nuestras vidas cuestionándose la necesidad de su existencia. Esa es una idea terrorífica para cualquier burócrata apoltronado en el gobierno de una nación.

Lo peor de una crisis no son los efectos económicos, que al final acaban superándose por el esfuerzo conjunto de los ciudadanos si pueden obrar en libertad. Lo más perjudicial de las crisis son los calamitosos efectos que provocan los políticos intervencionistas cuando quieren solucionarla y que ahogan cada vez más a la sociedad.

Hoy en día, ningún Gobierno tiene ni capacidad ni interés para guiar correctamente la economía, porque su principal objetivo es mantenerse en el poder y medrar. Volvemos a las viejas consignas: “to” “pa” el pueblo, pero sin el pueblo y con el dinero del contribuyente. ¡No se os ocurra quejaros! ¿Cómo os atrevéis?, ¡pero si lo hacen por vuestro bien!. Eso dicen en las televisiones, prensa y demás medios de comunicación para borregos.



http://www.goear.com/listen/4b6172e/intervencionistas-www.lodicecincinato.tk


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