Reflexión para hoy:

     

sábado, 3 de septiembre de 2011

2081




Alguien con sentido común dijo una vez que no hay mayor envidioso que el que se cree igual a todos. Y esa envidia termina generando odio hacia quienes no quieren ser iguales.

La igualdad consensuada en un parlamento o la igualdad impresa en un Boletín Oficial del Estado constituye la peor amenaza para acabar con la Libertad de los ciudadanos.

Está claro que la igualdad sólo se puede imponer machacando la Libertad.  Acojonando a quien se rebela contra la lobotomización colectiva. Siempre nos tropezamos con lo mismo. Siempre la misma historia: destrozar la Libertad con la excusa de la igualdad.

Los liberticidas siguen empeñados en transformar las sociedades libres en grandes granjas avícolas dónde todas las gallinas serán de color blanco. Para ello necesitan también recortar las alas de todas las aves asilvestradas para que su vuelo sea el mismo que el de las gallinas. Necesitan recurrir a la propaganda y a la manipulación con el propósito de convencer de que todas las aves son aves de corral. Por eso también, la gallinácea reaccionaria que ose volar un poco más que las otras le recortarán también el alma. Todas las aves deben ser obedientes, sumisas, maleables, silenciosas e iguales. Todas asquerosamente blancas.

La sociedad que impone a sus ciudadanos, desde pequeñitos, a amoldarse al  nivel más bajo es una sociedad que siempre fracasa porque destruye a los más capacitados y emprendedores que son fundamentales para la prosperidad del conjunto de toda la sociedad, ya que son éstos individuos cualificados los que descubrirán nuevas tecnologías y oportunidades de negocio que enriquecerán a todos.  Son éstos individuos aventajados, porque la naturaleza les ha facilitado una combinación genética determinada, los que garantizarán la mayor calidad y cantidad de  bienes y servicios a disposición de todos.
No existe un sistema más eficaz de generar progreso que el que reconoce la desigualdad de aptitudes y de iniciativa de los ciudadanos a rebasar sus metas y ganar a los competidores, pero sin olvidar que son todos iguales ante la ley, la única igualdad admisible.  La prosperidad de una sociedad o la de una persona se da si los ciudadanos en su conjunto o el propio individuo utilizan con libertad las oportunidades que le ofrece la vida siempre respetando al prójimo.

Debe prevalecer el afán de superación que es lo contrario a ponerse forzosamente a la altura del menos eficiente,  igualándose en su forma de vida o métodos equivocados de actuar para alcanzar los fines.

La igualdad socialista se plasma en el típico reparto pseudoigualitario de los bienes expropiados, y digo pseudoigualitario  porque si  no formas parte del colectivo de lameculos que pertenecen al partido único, como sucede en los genuinos paraísos marxistas, sólo recibirás miseria. Eso sí, en igual dosis que la mayoría de los ciudadanos súbditos que no comulgan con las ruedas de molino del comunismo.
Así es como una ideología rancia y casposa, llamada socialismo, crea dependencia y se apropia de voluntades. Así es como el socialismo hunde a las sociedades en la desesperación y el subdesarrollo.
El ser humano tiene todo el derecho inalienable a buscar la felicidad. Nadie puede impedírselo aunque implore igualarse con otros que fracasan. La realidad es que el esfuerzo, la excelencia, la competencia, la emulación y la ejemplaridad es lo que  ha propiciado la prosperidad y el desarrollo de los pueblos.

Hay gente muy obsesionada con el tema de la igualdad, paranoica diría yo. Me refiero a los que se obstinan en  no crearle ningún trauma a los niños más lentos o menos hábiles. Recuerdo que en el año 2008 el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM)  vinculado a la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de Andalucía (Spain) editó un manual donde se aseguraba que “la finalidad del juego no ha de ser ganar, sino participar igualitariamente”. Yo creía que muchos juegos eran ejercicios recreativos sometidos a reglas, y en los cuales se compite, se gana o se pierde, pero no. Para esos liberticidas andaluces el acto de jugar no es lo que ha sido durante milenios.

En ese perverso manual se aseguraba que  nadie debería llevar la iniciativa en ningún equipo formado para competir, por ejemplo, una carrera de sacos. El manual decía literalmente “Debemos evitar el liderazgo de una persona o un grupo de personas: se trata de aprender a cooperar en igualdad”,  “En las carreras de sacos hay que evitar las descalificaciones y otras faltas de respeto”, “Tienen que  ir dos personas en cada saco y deben ser de diferente sexo y han de llevar el mismo ritmo para correr”.
Y digo yo, ¿se puede  hacer una carrera sin que un participante gane y otro pierda? ¿Transigimos con los tramposos con tal de no excluir a nadie en la carrera de sacos?  ¿Cuándo es una falta de respeto descalificar a quien no respeta las reglas?

En cuanto al  juego de la silla, el manual decía que tampoco debe haber ningún eliminado en la versión paritaria del juego de la silla. “En vez de descalificar a nadie, la persona que se queda sin asiento ha de intentar sentarse con otra en su silla” “Tampoco hay ganador ni perdedor: la tarea cooperativa de todos los participantes es llegar al final intentando no tocar el suelo apiñados en las sillas que vayan quedando conforme se desarrolla el juego”.

El film que hoy os presento dura poco pero deja muy claro el resultado de la perversidad de la ingeniería social, así como la estupidez de lo políticamente correcto.




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