Reflexión para hoy:

     

sábado, 30 de abril de 2011

Marxismo empírico y propiedad privada



Algunos liberticidas manifiestan que la propiedad privada fue un germen que infectó la humanidad. Pues bien, con el fin de que se ilustren un poquito les traigo a colación la historia de los peregrinos de Plymouth (Massachussets).


Aquellos peregrinos fueron unos de los primeros colonos europeos que decidieron echar raíces en Estados Unidos y que, en un principio, organizaron comunalmente su economía de carácter agrícola. Es decir, aplicando el marxismo puro y duro.

De una forma un poco dramática aquella gente aprendió la lección que lo fundamental para conseguir prosperidad no es la colectivización y la distribución forzosa de la riqueza, sino la Libertad y la propiedad privada.

La organización colectiva que los colonos llevaron a la práctica durante los primeros años consistía en que todo se repartiera igualitariamente, tanto el trabajo como la cosecha que se obtuviera. La consecuencia de tal modelo de organización marxista fue que casi todos murieron de hambre.

¿Cómo pudo ser esto? Es muy sencillo de explicar porque cuando se consigue igual beneficio, ya se trabaje mucho o poco, la mayoría de la gente tiende a trabajar más bien poco. Es algo que forma parte de la idiosincrasia del ser humano. Está en sus genes y ningún ingeniero social, alienado por un pseudobuenismo utópicamente marxista, puede modificar.

En la comuna de Plymouth mucha gente fingía estar enferma o escaquearse, a dejarse la piel trabajando en los campos comunales. Esta conducta provocó que no se alcanzara la producción necesaria de alimentos para satisfacer a toda la comuna, apareciendo la escasez y el hambre al poco tiempo de iniciarse la aventura socialista.

Había gente que llegó a corromperse o incluso a robar para conseguir comida, a pesar de su condición de puritanos. La hambruna fue tan extrema que llegaron a comerse a sus propios perros, caballos, gatos y hasta las ratas que pululaban por allí.

Llegados a la desesperación, los colonos se reunieron para debatir otra forma de organización. Reconocieron el fracaso de su experimento comunal (hoy denominado socialismo) y tomaron la decisión de designar una parcela de terreno a cada familia; entregándole parte del maíz y otras semillas que les quedaban para que cultivaran sus tierras como mejor estimasen cada una y bajo su responsabilidad.

Fue entonces cuando los ciudadanos de Plymouth explotando privadamente los recursos pasaron, sin saberlo, del socialismo a la economía de mercado. Los resultados fueron formidables. Todas las manos se volvieron sorprendentemente laboriosas y la gente ya no enfermaba tanto.

Las cosechas fueron magníficas desapareciendo la hambruna y la miseria. Las familias adquirían nuevas cabezas de ganado que llenaban los establos, que habían estado vacíos durante los tiempos comunales. Ganado que cada propietario cebaba con parte del maíz recolectado, engordándolo y vendiéndolo a buen precio; lo que originaba unos ingresos extras para adquirir mejores herramientas, más ganado y más semillas con las que se cultivaban nuevas tierras; por lo que se precisaba la ayuda de nuevos colonos que procedían de la vieja Europa en busca de una vida mejor. La calidad de vida de la gente mejoró, empezando a crearse nuevos empleos y oportunidades de negocio para todos los que quisieran progresar. El sueño americano ya era una realidad gracias a la Libertad y el respeto a la propiedad privada.

Los colonos puritanos afirmaban que, gracias a Dios, la saciedad reemplazó al hambre. Así empezó a celebrarse el día de Acción de Gracias en los Estados Unidos de América.

Los no creyentes siempre han denominado a dicha experiencia “la tragedia de los comunes”. Algo conocido desde los tiempos de Aristóteles. Este filósofo griego manifestaba que siempre, por pura lógica, se cuida menos lo que es común que lo privado. El fracaso que supuso la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en el pasado siglo es sólo la prueba más fehaciente de la inviable, ineficaz y estúpida organización socialista.

Si una persona coge de una canasta colmada de naranjas todas las que quiera sin tener en cuenta de qué forma ha contribuido en llenarla, la propensión para no trabajar recolectando más naranjas y consumir todas las que se puedan es muy alta. Está claro que con el tiempo la canasta se quedará vacía y nadie se preocupará de llenarla. Ni siquiera esos que más naranjas gustan consumir.

Los peregrinos de Plymouth aprendieron la lección de que la propiedad privada conlleva que todo esfuerzo tenga su recompensa, creando el incentivo necesario para que dicha propiedad se convierta en productiva.

La economía de mercado, tan odiada por los sectarios liberticidas, facilita que la gente venda libremente lo que le sobra, ya sean bienes o su fuerza de trabajo; comprando lo que le falta para satisfacer sus necesidades.

Las partes que intervienen voluntariamente en toda transacción se benefician mutuamente e, indirectamente, benefician a toda la comunidad haciéndola más rica con mayor número y diversidad de productos o servicios que satisfacen nuevas necesidades. Productos o servicios que compiten entre sí, lo que deriva en mejor calidad, precios más bajos y mayor poder adquisitivo para toda la sociedad.

Si garantizamos los derechos de propiedad, los productores saben que el fruto de su esfuerzo, dedicación y trabajo están a salvo de expropiaciones arbitrarias; lo que empuja a que se realicen nuevas inversiones que generan más empleos y mejor retribuidos, al ser la oferta de trabajo mayor que la demanda. Esto facilita que todo trabajador pueda elegir donde le conviene trabajar en función de sus expectativas económicas y profesionales, sin tener que aguantar a un empresario toda la vida como ocurre cuando no hay oportunidades de cambiar de empleo; algo frecuente en el momento en el que una sociedad se sociabiliza pasando a ser la demanda de trabajo mayor que la oferta.

Si el Estado monopoliza todos los sectores económicos o si decide expropiar a todos los emprendedores su producción y medios de producción, es obvio que éstos ya no volverán a invertir ni a esforzarse más; lo que generará carestía y miseria. Este es el resultado que se repite a lo largo de la historia cuando se implanta un sistema de planificación socialista.


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domingo, 17 de abril de 2011

La utopía de un mundo sin armas


Los políticos liberticidas, así como los zopencos que siguen sus consignas, nunca terminan de explicar cómo hacer eficaz su utopía de un mundo sin armas de fuego. Mientras tanto, ciudadanos inocentes mueren o son robados, violados y vejados; incluso en sus propias casas, sin ni siquiera haber tenido la posibilidad de defenderse.


La iniciativa ahora está en las manos de los criminales. Ellos deciden cuándo y dónde. Ellos delinquen en función de las posibilidades, de los beneficios y costes de la ejecución del acto delictivo, sin preocuparles las víctimas puesto que saben que están indefensas. No es el caso de países en los que los ciudadanos están armados. En este caso, los delincuentes también tienen que tener en cuenta el coste de enfrentarse directamente con los agredidos.

No hay que ser muy inteligente para saber que los criminales temen encontrarse a una víctima con un arma y que tal posibilidad la estudian a la hora de efectuar sus actos delictivos. Si a los delincuentes que allanan moradas no les importa coincidir con los propietarios es porque saben que están inermes. El agresor sabe que, en países donde se prohíbe la tenencia de armas de fuego, él es el que impone su ley y él será dueño de la situación. Lo malo no es que delinquir resulte barato en los países donde la Ley protege más al delincuente que a las víctimas, lo terrible es que en el momento de producirse el crimen éstas siempre están indefensas.

La primera obligación del Estado debería ser proteger la vida y hacienda de los ciudadanos que lo sostienen con sus impuestos. Pero la realidad nos dice que el Estado es ineficaz e incapaz de responder.

Día a día aumenta el número de ciudadanos que buscan dispositivos de seguridad para sus hogares (rejas, vallas, alarmas, cámaras de vigilancia, perros adiestrados, detectores de presencia, etc.) porque no se fían de que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado vayan a evitar que les asesinen, les roben o les violen; es más, incluso no se fían de que la Justicia deje entre rejas a los convictos.

Es obvio que cuando un bandarra asalta una vivienda mientras el propietario duerme sosegadamente, el Estado no le indemniza por incumplimiento del “contrato social” si la policía llega tarde para evitar el delito. En cambio, sí tiene la desfachatez de prohibirle la autodefensa en ese momento de máxima angustia y terror. Una situación extrema en la que la policía no puede hacer nada para protegerle, pues los agentes no están en las casas de todos las 24 horas del día.

Está claro que la víctima no ha deseado experimentar esa situación límite y desagradable de encontrarse con el delincuente, siendo éste último el que debería estar expuesto al riesgo y a pasarlo mal, no la víctima y en su propia casa.

La tenencia de un arma no viola “per se” la libertad de otro. Las armas son herramientas útiles para defenderse. Prohibir la tenencia de armas de fuego implica condenar a los ciudadanos a una autodefensa más precaria y temeraria, siempre a favor del delincuente.

Quien deja indefensos a los ciudadanos son los Estados intervencionistas. Éstos, en manos de políticos mediocres, son los que prohíben el derecho a la legítima defensa no dejando posibilidad de poseer herramientas para garantizarlo. Cuando un criminal decide allanar la casa de un ciudadano al que se le ha despojado el derecho de defenderse, a éste último sólo le queda rezar y suplicar que todo pase pronto, ya que no puede hacer nada contra el agresor que invade su intimidad.

¿Qué debería hacer el ciudadano? Pues defenderse en la medida de sus posibilidades y hasta el punto en que resulte sensato, de acuerdo con las circunstancias y sin que nadie le tenga que limitar las posibilidades a su alcance. Os vuelvo a recordar que de la cárcel se sale andando, del cementerio no.







La solución no debe ser que los ciudadanos adquieran sistemas de seguridad pasiva, que están en todo su derecho de hacerlo si es su deseo y se sienten mal con un arma en la mano. La solución es devolver, a quién lo quiera, el derecho de defenderse frente a una agresión en tu propia casa.

Supongamos que un malhechor “con muy mala leche” entra en tu vivienda. ¿Qué prefieres tener a mano, una pistola o un teléfono? Debes saber que, salvo que te hayan cortado la línea (algo muy sencillo de hacer con sólo levantar una tapa que hay en el suelo de la vía pública enfrente de la puerta de tu casa) o hayan utilizado un inhibidor de frecuencias (que son muy fáciles de adquirir en tiendas de electrónica); la policía tardará un tiempo en llegar a tu hogar ya que primero tiene que tener conocimiento del delito, a continuación debe movilizar a los agentes y, por último, desplazarse al lugar señalado lo que supone un tiempo vital para el ciudadano que corre peligro. Claro, que es tu derecho tener un teléfono y llamar a la policía, por supuesto; y la policía llegará a tu casa..... pero seguramente será para levantar un atestado y tomar fotografías de tu cadáver. No nos engañemos. No confíes que siempre llegarán a tiempo de evitar el acto delictivo, si es que llegan.

La primera línea de defensa eres tú y tu arma de fuego, que equilibrará el terreno en ese desagradable e indeseable juego entre la víctima y el victimario.

Ni tú ni nadie tenéis derecho a prohibirme que yo no tenga esa defensa al igual que yo no tengo derecho a prohibirte que tú tengas un teléfono con el que defenderte siempre que los delincuentes, como he mencionado antes, no te hayan cortado la línea o utilicen un inhibidor de frecuencias para dejar inservibles tus teléfonos móviles.

Así vemos que la tenencia de armas de fuego supone ventajas: aumenta la posibilidad de permanecer vivo, se reduce el tiempo mínimo de respuesta para evitar el acto delictivo y disuade a los delincuentes, puesto que ya nadie les garantiza que los propietarios de la casa que van a allanar se encuentran desarmados; existiendo ahora la posibilidad de perder la vida al recibir un balazo entre los ojos. Algo que desagrada bastante a esos tipos violentos que les gusta apropiarse de lo ajeno, haciéndoles reflexionar un poquito más en cuanto a la necesidad de delinquir o no.

Todo delincuente carece de ventaja si el joyero al que va a robar oculta un AK-47 bajo el mostrador, la chica que va a ser violada porta una pistola 9 mm parabellum en el bolso o la familia Rodríguez, cuyo sueño es interrumpido por unos extraños que han invadido su casa, tiene una escopeta junto a la mesilla de noche. Acciones defensivas de este tipo se producen a diario en esos odiados Estados Unidos de América aunque, con relación a los actos delictivos que han evitado, jamás se les dedique mención alguna en esos telediarios diseñados para zopencos.

Pero los políticos liberticidas no quieren saber esto ni parecen reparar en la imbecilidad de su argumento. Quieren que todo el mundo esté desarmado salvo ellos y sus escoltas. Porque ellos sí que se desplazan acompañados de hombres armados que les protegen ¡Cómo no! Mientras que el ciudadano de a pié jamás, ni en su casa, ni en su desplazamiento, ni en su trabajo podrá tener los medios de seguridad que ellos gozan, pagados por nosotros a la fuerza a través de los impuestos.

¿Porque yo no tengo esa posibilidad?

Pandilla de parásitos liberticidas: ¿Mi vida y la de mis dos hijas no valen lo mismo que las vuestras?

La alternativa no es entre una sociedad en la que todos, tanto los delincuentes como la gente honrada, están armados; y una sociedad en la que todos están desarmados. Ésta es una falsa dualidad porque cuando es ilegal la tenencia de armas de fuego sólo los delincuentes las portan consigo, pues el criminal que no cumple la ley tampoco va a hacerlo en esto de disponer o no de una pistola; mientras que el ciudadano común, que sí la respeta, va a quedar indefenso. Cuando disponer de armas es legal entonces las llevan tanto los delincuentes, a pesar de las trabas legales y controles para evitarlo, como los ciudadanos honrados que quieren defenderse de ellos.

No pretendo que se fuerce a armar hasta los dientes a todo el mundo, no abogo por eso sino por la Libertad de elegir y el derecho que todo ciudadano tiene a defenderse siendo responsable de sus actos. Estudiar la historia de la humanidad nos enseña a diferenciar los hombres armados de los esclavos. Si alguien no desea defenderse por miedo, por cuestiones religiosas, por necedad, por torpeza o por simple estupidez que así lo haga; pero nadie tiene el derecho a privar a otros de su legítima defensa.

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sábado, 9 de abril de 2011

Tierra y Libertad



En la España de la fracasada segunda república se reivindicaba poco la verdadera democracia y la Libertad de los individuos; por tanto, fue inevitable una nueva guerra civil.


Mientras en un bando muchos ciudadanos luchaban por pura supervivencia del amenazante delirio revolucionario, compartiendo trinchera de forma desesperada con otros que perversamente utilizaban a Franco para defender sus chirriantes privilegios; en el bando contrario se obstinaban en que toda la población tragara, por cojones, con esa sanguinaria dictadura del proletariado que tanta miseria y desesperación ha traído allá donde ha arraigado.

La verdad es que, tal como ocurre actualmente, pocos defendían los principios y valores de la auténtica democracia liberal, cuyas bases son la Libertad y el respeto al prójimo.

¿Qué virus ideológico se introdujo en los cerebros de muchos de aquellos españoles para llegar a matarse entre ellos?.

Sabemos que el mal tiende a invadir todos los rincones, por eso hubo crímenes horribles en ambos bandos. Es un hecho que los ideales equivocados de unos y el espíritu de supervivencia del resto quedaron manchados por actos repugnantes protagonizados por la típica chusma que siempre se aprovecha del caos y el desorden existente. Estas conductas son reprobables y deben causarnos vergüenza a todos.

Nunca debe considerarse legítimo recurrir a la violencia con el propósito de imponer una ideología o convicciones políticas contrarias a la Libertad de los individuos. La memoria histórica no debe servir para abrir heridas sino para reconocer a los que dejaron su vida en las trincheras creyendo un ideal erróneo, ya que muchos estaban allí porque se les había lavado el cerebro a base de consignas, falsedades y manipulación. Otros, simplemente fueron reclutados a la fuerza sin comprender por qué luchaban y por qué morían.

La Guerra Civil derivó de un calamitoso fracaso colectivo del pueblo español que fue víctima de una casta política donde abundaban los obtusos, los loquinarios, los botarates, los corruptos y los maricomplejines. Una clase política conformada por gente impresionable, ligera, patética y de poca chaveta; donde chapoteaban tipejos insufribles por su inepcia, injusticia, mezquindad o tontería. Gentuza que concebían el presente y el porvenir de España según se lo dictaba el interés personal y que practicaban una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta.

Afirmar, como hacen algunos sectarios liberticidas, que fue una rebelión de los fascistas contra los demócratas es simplificar demasiado arropándose en una peligrosa mezcla de perversidad y mediocridad. Es evidente que, en aquellos tiempos crispados, angustiados y embrollados de la España de 1936, la democracia y los demócratas brillaban por su ausencia.

Un ejemplo fueron los milicianos del Frente Popular que no luchaban por la democracia, sino para instaurar la dictadura del proletariado al estilo soviético con la falsa justificación de la injusticia social ¿Qué justicia ha existido en los fracasados países comunistas del siglo XX?.

Es obvio que durante la segunda república española se fraguaron una amalgama de intereses espurios plasmados en ideologías totalitarias que ahogarían la Libertad y la prosperidad de los españoles empujándolos a un futuro muy oscuro.

Los españoles del siglo XXI tienen que luchar por acabar, de una puñetera vez, con la miseria política que supuso el enfrentamiento de las dos Españas. Deben luchar por defender las libertades, el respeto a la vida y el derecho a prosperar como nación. Deben deshacerse de una casta política manirrota que hoy medra en el poder y en la oposición. Una cuadrilla de parásitos amantes de un Estado intervencionista y despótico, que se parecen mucho a esos tipejos que les empujaron a la guerra civil en el siglo pasado. Los españoles deben construir una nación libre que acoja a todos salvo a los que pretendan imponer sus ideologías casposas y obsoletas a través del populismo, la demagogia o la violencia.

La memoria histórica no debe utilizarse para reabrir fosas de odio e intolerancia cuyos cadáveres putrefactos, algunos malnacidos, aprovechan para construir sus barricadas; sino para reflexionar, rectificar y aprender de los errores con el propósito de no volver a repetir otra aberración histórica.

Gran parte de la ciudadanía española tiene una idea errónea de la república, consecuente de la manipulación a que ha sido sometida. Me refiero a la segunda república puesto que muchos españoles, ahogados en su propia ignorancia y mediocridad, ni siquiera saben que hubo una primera.

La segunda república se concibió como una democracia liberal pero el sueño duró poco, puesto que el Frente Popular y su violencia revolucionaria puesta ya en práctica, con toda su virulencia, en el año 1934 en Asturias; fue precisamente lo que aniquiló la segunda república en lo que tenía de democrática. Ese es el motivo por el que la democracia no jugara ningún papel durante la guerra civil, pues el proyecto de una República Democrática Liberal había sido machacado con anterioridad a iniciarse el baño de sangre entre españoles.

Debo decir que haber posibilitado, hoy en día, que la ciudadanía tengan por demócratas a las organizaciones políticas y sindicales que constituían el Frente Popular es un logro que debemos reconocer a sus perversos promotores, pues han conseguido que la mayoría de la sociedad española se trague ese bestial engaño durante décadas. No por ello deja de ser una tremenda estafa de la que derivan tantas otras.

Precisamente aquellos revolucionarios tutelados por Stalin hicieron trizas la incipiente República liberal. Desde ese momento, la lucha se planteaba entre una opción totalitaria-revolucionaria y una dictadura autoritaria que muchos españoles defendían sólo por cuestiones de supervivencia o mal menor, puesto que hubieran preferido evitar una guerra civil que muy pocos anhelaban. Una guerra que, de nuevo, haría perder a España el tren del progreso y la consolidación de los valores democráticos.

Para entender esto no se necesita ser un experto en historia. Una historia que a algunos tanto gusta tergiversar; sino sólo utilizar la lógica y el sentido común. Piensen por un momento en los marxistas radicales del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), los comunistas amantes de Stalin, los racistas del Partido Nacionalista Vasco (PNV), los anarquistas deseosos de abolir la propiedad privada, los golpistas catalanes de Companys, los colectivizadores del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM); o ese sindicato de funcionamiento sectario y mafioso, aficionado a parasitar el dinero público, que es la Unión General de Trabajadores (UGT) defendiendo todos juntos la democracia mientras se mataban a tiros en las propias trincheras como podemos observar en la película que hoy presento.

Existe una gran mentira que es la memoria histórica hemipléjica con la que quieren hacer tragar a los españoles con el fin de apartarlos de una visión real de su pasado, pensando que todos son gilipollas. Es una falsedad estridente y machacona. Sin embargo ese engaño masivo ha cuajado en gran parte de la ciudadanía aborregada y ahora, como si no tuvieran ya bastante, intentan inocularlo en la mente de sus inocentes hijos a través de la asignatura de “educación para la ciudadanía”, a pesar de que sus promotores perversamente conocen muy bien la realidad que aconteció.

Ahí están los testimonios de algunos de los padres espirituales de la segunda república como Ortega, Marañón o Pérez de Ayala reconociendo que fue un trágico fracaso. Son los mismos intelectuales que se esforzaron en traer para España una democracia liberal que pusiera fin al caciquismo y la demagogia.

A continuación muestro una selección:


"¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca"; "Bestial infamia de esta gentuza inmunda"; "Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales y aún no habremos acabado”; ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?"; "Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos".

Otros protagonistas de su época, como Azaña, líder de las izquierdas “progres” de la época, opinaron sobre la infame calidad de aquellos republicanos sectarios. Conocía muy bien a esa gentuza que componían los cuadros de mando del falso republicanismo.

Las memorias de otros dirigentes de entonces tienen parecidos tonos como las del socialista Besteiro que condenó el "Himalaya de mentiras" o el "envenenamiento de las conciencias" en que se sustentó el Frente Popular.



Las dictaduras no son buenas, pero no deberíamos condenar al franquismo despiadadamente puesto que libró a España de otra dictadura más dañina denominada “dictadura del proletariado”. También Franco evitó que España entrara en la segunda guerra mundial y de un nuevo intento de guerra civil que fue el Maquis. Incluso Marañón y el socialista Besteiro aceptaron el nuevo régimen franquista, con todos sus defectos, porque salvaba a España de algo mucho peor y la prueba la tenemos en el infierno comunista en el que han vivido los países del Este de Europa.

La guerra civil fue simplemente fruto del hundimiento de la legalidad republicana por un Frente Popular liberticida y de la existencia de una CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) cerril y acomplejada que no supo defender la democracia, la separación de poderes y el Estado de Derecho. Así como de un Borbón cobarde que huyó cuando las cosas se le complicaban, dejando a los españoles tirados. ¿Os suena a algo todo esto?


Después de lo dicho, ¿Algún incauto sigue dudando de que el socialismo, sea del color que sea; ha sido, es y será el más firme defensor de la democracia en el mundo?, es decir, ¿Pol Pot, Stalin, Ho Chi Minh, Kim Jong, Fidel Castro, el nacionalsocialista Adolf HItler u otros iluminados de la misma calaña han sido los mayores defensores de la democracia, el pacifismo y el respeto de los derechos humanos?.

Es asquerosa, cutre y abominable la memoria histórica sumamente politizada y selectiva del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) con la que quiere hacer comulgar a todos los españoles. Como lo son todas las memorias confeccionadas a diseño por el partido que gobierne.

Con respeto a la película que hoy podemos visionar, recordemos la perversa maniobra llevada a cabo por el Partido Comunista de España (PCE), en aquel mayo de 1937, aniquilando con rapidez a sus camaradas del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y dejando fuera del poder, pero dentro de las fosas, a sus otros colegas de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT); si bien a costa de una guerra civil en su propio bando. En esa aventura participaron tanto Azaña como Prieto, pero no lo hicieron por simpatía hacia los comunistas, sino por hartazgo de la prepotencia de Largo Caballero y del desorden anarquista. No hay duda que todo esto facilitó las cosas al PCE, es decir, a los sueños de Stalin de convertir a España en una nueva República Socialista Soviética.

La represión contra el POUM y, en particular, el repugnante asesinato de su líder Andreu Nin que murió desollado; es la página más negra de la historia del Partido Comunista de España después del exterminio practicado en Paracuellos donde muchos padres compartieron fosa y cal con sus hijos menores. Matanza que preludiaba lo que iba a ser el genocidio de Katyn (Polonia) y tantos otros realizados, pocos años más tarde, en nombre del socialismo o dictadura del proletariado.

A pesar de que disimuladamente algunos sectarios liberticidas vuelven a cubrir rápidamente las fosas que han desenterrado, porque no les convienen los muertos hallados; debo decir que sí hubo un plan criminal para la aniquilación sistemática de toda la izquierda española no sometida a Moscú. Al igual que Andreu Nin, otros miles de dirigentes y militantes del POUM fueron torturados y asesinados con la complicidad, acción u omisión de las pseudodemócratas autoridades del Gobierno del Frente Popular.

La Guerra Civil no la ganó Franco porque fuera un militar eficiente y audaz, que también lo fue; sino que la perdió el bando opuesto por sus ideales equivocados, incapacidad de organización, indisciplina, falta de meritocracia y gran capacidad para robar, corromper o hacer su propia guerra interna en el marco de una guerra civil contra la España que no se resignaba a ser pisoteada por la bota de Stalin, o sea, por la dictadura del proletariado.

Es curioso que en lugar de existir un solo partido "obrero" compitieran por el título al menos cuatro organizaciones políticas: El PCE, la CNT, el POUM y el PSOE, ésta última con sus propias divisiones en su seno. Estas organizaciones “supuestamente” representantes de la clase obrera, de la justicia social y de la emancipación general de la humanidad llevaban sus reivindicaciones hasta el punto de que sus militantes y seguidores se mataban entre ellos sólo por el hecho de discrepar en el fondo o en las formas.

En los seguidores de Franco las discrepancias internas, que también las hubo, no llegaron a la sangre; existiendo un equilibrio estable que permitió la consistencia y firmeza del bando nacional. No es el caso del bando frentepopulista cuya envidia, crueldad, rencor, egoísmo, divergencia y perversidad de la mayoría de sus seguidores eran considerables. Los frentepopulistas se creían moralmente superiores, con la ética de su parte. Todos se autoetiquetaban de personas buenas, pacifistas, solidarias y únicas con capacidad de conceder carnés de demócratas a los demás. Una afición que aún hoy en día conservan sus herederos.

La realidad para algunos frentepopulistas, que aún conservaban el sentido común, les hizo recapacitar hasta el punto de terminar identificándose más con el bando nacional que con esa amalgama de organizaciones de tipo sectario donde la democracia, la Libertad y el respeto al prójimo no existían.

La película que hoy analizamos trata de un joven comunista inglés que se aburre en su país y víctima, tanto de su ardor guerrero como del lavado de cerebro que sufre, decide viajar a España para unirse a un grupo de milicianos con el sueño de pelear contra un enemigo ilusorio. Un enemigo incrustado en su cabeza por culpa de muchas consignas sectarias asimiladas durante años sin apenas haberlas digerido intelectualmente.

Al igual que el protagonista de la película, otro escarmentado de la aventura bélica española fue George Orwell que se salvó de milagro, no de Franco sino de sus camaradas de trinchera. Afortunadamente Orwell sobrevivió para escribir su famosa novela “1984”. Muchos desconocen que la terrible escena final de la novela no fue fruto de su imaginación sino que la escribió inspirado en la experiencia marxista que inició en Barcelona, lugar en el que fue apresado por sus compañeros comunistas y trasladado a la URSS donde le recluyeron por reaccionario en una diminuta celda llena de “ratas bolcheviques” que tenían mucho apetito. George Orwell afirmaba que los comunistas como enemigos, eran temibles; pero mucho peor era tenerlos en tu mismo bando. A Orwell y al protagonista de la película, tan obsesionados por los fascistas en su juventud, alguien debería haberles dicho que existen dos tipos de fascistas: los fascistas y los antifascistas.

El film incluye un debate político, bastante coactivo, sobre la necesidad de colectivizar todo y abolir la propiedad privada. Debate que, en aquellos tiempos, solían organizar de forma intimidatoria los milicianos del Frente Popular entre los habitantes de los pequeños pueblos; eso sí, después de dar matarile a algunos desgraciados, -supongo que para no coartar la libertad de expresión de los que pudieran discrepar!!!-.

Una especie de pseudo-documental insertado en la ficción pero que nos hace reflexionar bastante sobre lo que ocurría en la España de los años 30 en la que la gente, presa del pánico, la envidia y la mentira, fue manipulada hasta el punto de enfrentarse a muerte en nombre de estúpidas ideologías casposas y cutres que pretendían fabricar una nueva sociedad, un hombre nuevo.

Actualmente hoy podemos comprobar lo que supuso para el mundo esa pesadilla sangrienta de la historia derivada del gran error intelectual que cometió Marx a través de sus teorías.

Tierra y Libertad es otra película más de tipo sectario que encasilla a un bando como “los buenos” y al otro bando como “los malos”, aunque al autor se le escapan datos objetivos que hacen ver cómo fueron realmente los hechos, a pesar de que nos quiera contar lo contrario.

Hay una escena en la que fusilan a un sacerdote por tener el hombro amoratado. Una señal de haber disparado con el fusil supuestamente contra el bando del frente popular. Es posible que lo hiciera por pura supervivencia puesto que, antes de ser cura, era un ser humano y sabía lo que los milicianos hacían habitualmente con los clérigos en aquellos años. El sabía que le iban a dar matarile y como todo ser humano, intentaba proteger su integridad física.

La vena anticlerical de los liberticidas tenía que salir como es costumbre y en la película no podía faltar; eso sí, siempre vierten cobardemente su ira contra los católicos, que suelen poner la otra mejilla; nunca contra el Islam como vemos actualmente. El Islam es una religión que no se deja doblegar con facilidad.

No digo que en aquellos años no existieran algunos curas con intereses perversos que los hubo como los hay hoy en día; siendo un ejemplo lo que ha sucedido en la famosa cadena de radio española “La COPE”. Esta radio propiedad de la Iglesia Católica fue en su tiempo un paraíso de Libertad dentro de un basurero mediático nauseabundo. Sin embargo, los jerarcas eclesiásticos decidieron cambiar la Libertad por algo que no sabemos qué aparentes ventajas políticas tendría pero que todos percibimos su olorcillo. La presión del gobierno y de la oposición contra los defensores de la libertad de expresión que fueron expulsados de La COPE ha demostrado, de nuevo, que algunas sotanas no son de fiar.

Repito. Parte del clero. No todos, porque en la Iglesia hay y habrá siempre muchos sacrificados por la causa de la Libertad y la solidaridad.

Durante el tiempo que les convino tener en “La COPE” a comunicadores de gran audiencia como Federico Jiménez Losantos y César Vidal, no dejaron de mimarlos. Pero un día algunos curas se bajaron los pantalones, mejor dicho, se subieron la sotana poniéndose de culo y a cuatro patas al servicio de una panda de tipejos mediocres que lideran el gobierno y la oposición de España.

Volviendo a la película, lo que quería decir es que no aparece ninguna de esas escenas que era frecuente en aquellos años, donde milicianos del Frente Popular asesinaban a inocentes monjitas o a familias enteras por el hecho de haber ido a misa. Es lo que tiene pertenecer a una gran secta, que se oculta todo lo que no interesa como ocurre en el film que hoy tratamos, ofreciendo una imagen que es todo lo contrario a lo que se cuece en la trastienda.




El excomunista George Orwell plasmó en su novela “1984” la siguiente frase y, por propia experiencia, él sabía lo que decía:


“Quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado”.






 Otras películas

sábado, 2 de abril de 2011

Los otros infiernos socialistas

  Hoy no voy a escribir nada sobre esos infiernos socialistas de derechas que fueron los campos de exterminio nazi o nacionalsocialistas, puesto que de éstos se han hecho tantas películas y documentales que la gente ha llegado a creer que son los únicos que han existido, a pesar de los pocos años que estuvieron funcionando. Hoy comentaré los infiernos socialistas de izquierdas que han estado funcionando a pleno rendimiento durante décadas.


Es un hecho que en 1974, año en el que se publicó el libro de Solzhenitsyn titulado “Archipiélago Gulag”, los socialistas marxistoides tanto españoles como del resto de Europa occidental seguían licuándose de gusto con la palabra URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y muchos se negaban a reconocer la pesadilla que representaba la tiranía soviética.

La URSS fue la consecuencia, lógica y única que puede derivarse al implementar la teoría marxista. Un mundo meticulosamente fabricado con la intención de deshumanizar al ser humano y transformarlo en una máquina al servicio del sistema socialista, todo con la excusa de la justicia social.

La paradoja es que esos pseudoprogresistas liberticidas de la Europa occidental que decían defender el bienestar de la clase obrera, la democracia y los derechos humanos eran muy condescendientes con esa maldita dictadura del proletariado materializada en un Estado demencial disfrazado de utopía y enfrentado a su propio pueblo, casi desde el comienzo de lo que podemos denominar el delirio rojo.

Desgraciadamente esa sectaria enajenación ideológica delirante perduró y se expandió por el mundo gracias al entusiasta apoyo de un ingente número de pseudointelectuales occidentales liberticidas que se negaban a aceptar los crímenes del socialismo y, cuando ya no pudieron continuar negándolos, empezaron a justificarlos. Eso sí, siempre en el lado occidental del muro de la vergüenza, o sea, disfrutando de los beneficios de la Libertad y la economía de mercado.

El Gulag es un acrónimo formado a partir de Glavnoye Upravieniye Ispravitelno-Trudovykh Lagerei (Administración Principal para Campos de Trabajo Correccionales), es decir, una extensa red de prisiones y campos de reclusión inicialmente concebidos para reprimir a los disidentes y reaccionarios; luego a todos aquellos que empezaron a estar disconformes con la pesadilla que ellos mismos habían hecho realidad.

A tal grado de locura se llegó que se castigaba, simplemente, por tener la mala suerte de interponerse en la trayectoria de un aparato represor ansioso de satisfacer la necesaria cuota de detenciones con el objetivo final de extender el terror entre la ciudadanía. Era el monstruo que devoraba a sus propios hijos.

El aparato represor no fue creado por Stalin, como algunos marxistoides del siglo XXI se quieren autoconvencer, aunque con este déspota fue más virulento que nunca, ahí los millones de muertos que yacen en las fosas de la historia; sino que estaba íntimamente conexo a los fundamentos de la revolución bolchevique. Revolución basada en la envidia, el odio, el rencor y el desprecio al prójimo y a sus derechos individuales.

Un desprecio inhumano que se materializaba en un cotidiano suceso que acontecía en cualquier “campo de reclusión” soviético. Un espeluznante episodio donde se observaba al camarada médico tomar el pulso a un prisionero con el propósito de asegurar a los funcionarios de la Cheká o, dicho de otra forma, los criminales institucionalizados; que el desgraciado cautivo podía aguantar unos pocos minutos más de tortura…..

Esa vanguardia de la revolución socialista dirigida por unos matarifes y denominada en un primer momento Cheká, posteriormente NKVD y al final KGB (Sí, esa que llegó a dirigir el señor Putin, el actual Presidente de la Rusia “democrática”), no podía tolerar ningún disentimiento con su sagrada revolución. Por eso era menester disponer a diario de víctimas “contrarrevolucionarias” a las que degradar para justificar sus privilegios. Por eso era fundamental practicar la represión y no defender los derechos humanos. Por eso era primordial extender el terror de Estado y no la necesidad de alimentar al pueblo.

En el Gulag no importaba roer los diminutos huesos de un murciélago en descomposición, beber el caldo elaborado con cascos de caballos muertos o fumar cigarrillos de estiércol. Eso no importaba nada, más cuando las vidas de algunos valía tan poco. Vidas de gente anónima cuya alma se había extraído previamente a base de consignas sectarias y torturas. Vidas que sucumbían bajo la bota represiva de una colectividad fría y hueca cuyos ingenieros sociales se habían encargado de desterrar todo lo que oliera a empatía y a ternura.

Alexander Solzhenitsyn nos ayudó a entender que la idea de revolución socialista es una perversidad puesto que no puede existir un momento en el que se dé la ruptura radical entre el pasado y el futuro. Los grandes genocidas como Stalin y Hitler fueron férreos defensores de ese maldito y funesto momento tanto para el pasado como para el futuro de la humanidad y, sobre todo, para los descerebrados que hallan su sentido en el presente.

Los nuevos socialistas del siglo XXI parapetados en estados pseudodemocráticos cuya separación de poderes brilla por su ausencia, participan de esa macabra idea que en el pasado siglo arrastró a millones de seres humanos a la miseria, a la pérdida de su libertad o, sencillamente, a la muerte.

La fórmula para preservar los principios doctrinales de esta perversa ideología por parte de sus actuales herederos, los abanderados del nuevo socialismo del siglo XXI camuflados en las faldas de la democracia, es recurrir al disimulo. Es decir, a prácticas demagógicas descafeinadas que les otorgan un halo de legitimidad y con la que esconden hipócritamente la verdadera esencia del sangriento socialismo del siglo XX.

Actualmente, gracias a esa táctica, los principios doctrinales del viejo socialismo continúan gozando de una desvergonzada indulgencia ética entre la población que se deja domesticar.

Revel sentenció poco antes de morir: "Ha caído el Muro, pero sólo en Berlín, no en las mentes de algunos". Se refería precisamente a eso. A ese proceso de lobotomización que sufre la población víctima de las consignas socialistas machaconamente repetidas y difundidas por esos mercenarios liberticidas a sueldo y creadores de una opinión manipuladora que vomitan a diario sobre los medios de comunicación de masas. Una opinión basada en las falsas excelencias del ideal inmaculado de la utopía socialista evitando mencionar la empírica evidencia de los desastrosos efectos del sanguinario socialismo real.

A pesar de los cien millones de trabajadores, algunos emprendedores otros operarios; todos asesinados y abandonados en las fosas de la mangoneada Historia; el socialismo sigue situado en un lugar preferente en la memoria sentimental de los nuevos tiranos del siglo XXI y de los gañanes que los siguen como borregos.


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